Del uso y el abuso de extranjerismos en nuestros textos

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Abril 2011
Del uso y el abuso de extranjerismos en nuestros textos
Por
Georgina Salgado. Directora. CAJA ALTA Edición & Comunicación.

(Y de lo difícil que nos puede resultar escribir baipás en lugar de bypass).


Leía el otro día, en un periódico, una noticia relacionada con el marketing en el sector de la informática. La alternancia de palabras escritas en redonda y en cursiva me supuso tal esfuerzo adaptativo ocular que, al final, tuve que releer la noticia de nuevo intentando salvar dichos obstáculos visuales y comprender la información que contenía.

A modo de muestra, había frases como: “El marketing en el sector del hardware y el software, si no quiere quedarse out u off, necesita aplicar mejor el know-how”.

Al llegar a mi despacho, dispuesta a ratificar mi fundada sospecha de que al periodista autor de la noticia le habría sido posible plasmar la misma empleando otros términos en redonda (y por tanto, que no fuesen extranjerismos crudos -término con el que aludimos a aquellos vocablos que tomamos de otro idioma sin modificar, tal cual se escriben en aquel-), me puse manos a la obra y comencé a navegar en las páginas web de nuestra Real Academia de la Lengua (RAE) y de la Fundación del Español Urgente (FUNDEU).

Tal como recordaba, constaté que desde la FUNDEU se nos invita a emplear el término márquetin en lugar del extranjerismo marketing, con lo que ya habríamos evitado un extranjerismo.

Sin embargo, si buscamos en nuestro diccionario (DRAE) el término marketing, comprobamos que, efectivamente, lo recoge y, como extranjerismo que es, en cursiva, aunque, para más inri, nos remite, sin ofrecernos siquiera su definición, al término mercadotecnia, que es la palabra por la que nos sugieren sustituir el extranjerismo.

Así que, al final, la elección entre marketing, márquetin o mercadotecnia, siendo sinónimos, únicamente (sí, lo confieso, he escrito `únicamente´ en lugar de `solo´ porque me cuesta aplicar la taxativa reciente norma que nos impone no tildar nunca más el adverbio, con lo que sigo sin entender qué me quiere decir mi amigo cuando me comenta que a él le gusta “tomar el café solo” (:s)) dependerá del gusto del autor.

Confieso, también, que comprendo que el autor de la noticia se decantase por el extranjerismo: me duele, y mucho, leer el término márquetin. Sí, sí, lo sé, tendré que hacer un esfuerzo adaptativo al respecto, porque en la reciente Ortografía de la Lengua Española (OLE, que por cierto, no podía tener una siglas más españolas, de diciembre de 2010, nos anima a emplear los términos con los que contemos en castellano siempre que sea posible, para evitar el uso (y el abuso) de extranjerismos.

Hace no mucho tiempo elaboramos, en mi empresa, el manual de estilo de una entidad dedicada a menesteres médicos y hospitalarios.

Necesitaban que, de una vez por todas, sus empleados utilizasen, al redactar documentos, un estilo lo más uniforme posible, adaptado al target (uy, lo siento, se me ha escapado, quiero decir al público) al que se dirige dicha compañía pero, sobre todo, que hubiera algún tipo de coincidencia entre dos textos procedentes de distintos departamentos, en el uso (que no abuso) de las mayúsculas y las minúsculas; las cursivas y las redondas; las negritas y hasta los subrayados, entre otros.

Así que nos pusimos a ello y, como siempre hacemos cuando nos enfrentamos a esta tarea, recabamos el mayor número de documentos posibles, cuanto más variados y de fuentes diversas dentro de la propia empresa, mejor, y nos pusimos a analizarlos y esbozar los primeros apuntes. Vaya, en realidad, lo que viene a ser un preoperatorio: análisis y pruebas, además del estudio previo a la intervención quirúrgica para obtener el mejor resultado posible. (En nuestro quehacer diario, los trabajadores de textos nos sentimos como médicos cirujanos que estudian “pacientes” (textos), emiten un diagnóstico y, en la mayoría de los casos, aconsejan “operar” (intervenir) para mejorar el estado de salud del paciente (del texto)).

Poner de acuerdo a una importante plantilla de trabajadores no es fácil. Es más, muchas veces es la tarea más ardua. Pero el resultado, sin duda, merece la pena. Sobre todo cuando la dirección de la empresa comprueba que, por fin, sus textos mantienen cierta uniformidad, armonía visual e, incluso, se ha reducido sensiblemente la aparición de faltas de ortografía y gramática, al atender las pautas del flamante manual de estilo que han recibido.

Unos días después, sobrecogido, me escribió el Director médico un e-mail (uy, lo siento de nuevo, quería decir un correo electrónico) preguntándome si podía ratificarle que aquel “palabro” tan tremendo que veía en el listado de términos castellanizados que incluimos en uno de los anexos realmente existía o, para su alivio, era un lapsus que se hubiera colado. Con todo el dolor de mi corazón (porque lo cierto es que duele verlo), le dije que sí, que ahí estaba, en el diccionario, y además no era excesivamente reciente: baipás, con su plural, baipases. Le animé recordándole que, junto al “palabro” incluíamos la sugerencia de que, si se prefería, se podía emplear `derivación coronaria´ o `puente coronario´, pero no bypass, que contaba con su homónimo castellanizado.

En fin, huelga decir que me uní a su pesar ante la derrota de tener que emplear ese “palabro”. Pero, como dice mi hijo mayor, “es lo que hay”.

Y lo que hay en nuestro idioma, a día de hoy, en relación con los extranjerismos es (a modo de abstract, digo `resumen´, perdón), es lo siguiente:

- Cuando no quede más remedio, porque no contemos con un término castellanizado que posea el mismo o muy similar significado, haremos uso del extranjerismo: pizza (si bien hay quien dice que podemos decir `torta´, dudo mucho de que el teleoperador que nos atienda al pedir una por teléfono no nos pida confirmación de que hemos llamado al sitio adecuado porque queremos una `torta´ en lugar de una pizza).
- Cuando exista un término castellanizado que haya desplazado al extranjerismo, no usaremos este último. Es el caso de baipás, ya que nuestro diccionario ya no recoge bypass.
- Cuando convivan el extranjerismo y el término castellanizado, queda en manos del autor del texto escoger el que más le guste o, como dicen algunos, “el que más rabia le dé”. Es el caso del whisky y güisqui o de marketing y márquetin.

Visto lo visto, quienes nos dedicamos a las letras, bien en departamentos de comunicación, o de marketing, o de publicaciones, o editorial y, sobre todo, publicidad, tendremos que esforzarnos en emplear los términos castellanizados cada vez más, para que aparezcan en catálogos de grandes superficies, prensa y anuncios escritos y, como un buen virus, se propague lo más rápidamente posible y evitemos acabar hablando en un spanglish (perdón, quería decir espanglish), poco ortodoxo, cuanto menos.

Comentarios
1 por Matías Hace 378 dias y 17 horas

Estimada Georgina, no critico el contenido de la nota. Es más, estoy en total acuerdo. El punto es que, para mirar la paja en ojo ajeno somos mandados a hacer. Así como Ud denuncia el abuso de extranjerismos, podría remarcarle en su texto el abuso de faltas de estilo y gramática.
Para empezar: "releer la noticia de nuevo" es una redundancia tan evidente y vulgar como el "vuelvo a repetir" (utilizada con frecuencia por prestigiosos periodistas de TV). Si releo la nota, obliga la omisión del otro.
En el texto, Ud abusa de las comas (además de utilizarlas en lugares donde no van), lo cual entorpece la lectura (en más de un párrafo tuve que repetir la lectura ya que no queda claro lo que Ud intenta referir).
En otro párrafo abre paréntesis y, dentro de éstos, vuelve a abrir otros, algo que es gramaticalmente incorrecto. Existen signos de puntuación como guiones, comas y punto y comas que sirven para el mismo propósito que el que Ud utiliza el "doble paréntesis".
Sin ánimo de ofender ni agraviar, es sólo mi humilde aporte.
Saludos


2 por SILVIA BERAJÁ Hace 344 dias y 19 horas

Querida GEorgina:
Grande lo tuyo!

Soy Prof. en Letras, escritora y especialista en comunicación farmacéutica. Edité durante 7 años laRevista del Colegio de Farmacéuticos y Bioquímicos enBuenos Aires, ARgentina, enseñ´ e comunicación en una EScuela de FArmacia universitaria y ahora , retirada de esos meneseres, escribo sobre salud en un diario digital que se emite desde Madrid. ASí que imaginate cómo te entiendo.

Como persona formada en la lengua española , castellanizada y adaptada al uso rioplatense que tenemops en Buenos Aires, sufro como vos este tipo de extranjerismos y las dificultades que el traspolar términos del ingle´s al catellano, ocasiona.

Pero tu hijo tiene razón: es lo que hay. En muchos casos, creo que vivimos en una época parecida a la que vivía Nebrija cuando escribió su famosa Gramática: un caos lingüístico éste que vivimos. En ARgentina la cuestión es pero porque casi el 70 % dela población son analfabetos funcionales, es decir, leen y escriben pero lo hacen muy mal, sin observar reglas ni conocer las herramientas elementales de la gramática y la sintaxis. Y a nadie le importa esto: ni al estado, ni a las universidades .....

SEguiremos escribiendo como podamos, no, pero seguiremos.
Te envío la última nota que publiqué en el FORO IBERCISALUD de la consultora Eupharlaw, de Madrid, España:

ATENCIÓN FARMACÉUTICA: una opción profesional en la que el objetivo es el paciente
Como educadora, siempre pensé que cuando la educación se vuelve un negocio, deja de tener fuerza como tarea trascendente dentro de la sociedad.
Para un educador, el verdadero negocio es generar una persona formada, íntegra, capaz de transmitir conocimientos del área que haya elegido, uniendo esto a la transmisión de valores humanos que conformen un educando o profesional serio, responsable y consciente de su misión .
En el campo de la tarea del farmacéutico sucede lo mismo.
Hace unos años, un farmacéutico de la FIP que se ocupa de las relaciones con Latinoamérica, vino a Buenos Aires para dictar una conferencia en un evento farmacéutico anual muy importante.
Subrayó que, si los farmacéuticos no tomaban conciencia de que su tarea era el ejercicio pleno de sus servicios profesionales dentro de la modalidad Atención Farmacéutica, de cara al paciente y desarrollando su enorme responsabilidad, la profesión iba a ir decayendo hasta, finalmente, desaparecer.
Que él pensaba que había que ampliar la oferta de servicios profesionales en todos los establecimientos farmacéuticos.
Que los que eran dueños de su farmacia tenían la responsabilidad de formar a su equipo en esto, además de mirar la caja para ver cuánto dinero había ganado ese día.
Y que aquellos que eran empleados debían convencer al dueño de la farmacia para que se alineara con él en la tarea conjunta de la Atención Farmacéutica .
Me pregunto, leyendo tantos artículos sobre lo que sucede en Argentina (¿y en el mundo?) respecto de que la venta de medicamentos se haga fuera de la farmacia (kioskos, estaciones de servicio, supermercados) si no está sucediendo aquello que aquel farmacéutico vaticinó .
Las autoridades de los colegios farmacéuticos se rasgan las vestiduras diciendo que son maniobras de los laboratorios, lobbys que realizan para que no se cumplan las leyes de venta de medicamentos exclusivamente en farmacia. Seguramente tendrán sus razones para afirmar esto.
Pero%u2026, señores farmacéuticos, ¿qué hacen ustedes en el día a día para preservar sus incumbencias en el mostrador de sus farmacias?
¿Están seguros de que cada uno de ustedes desarrolla cada vez más servicios hacia sus pacientes-clientes ,que despierten en ellos la conciencia de que si se toma un medicamento, cualquiera que sea, sin dispensación ni monitoreo farmacéutico puede afrontar efectos ad versos?
Mucho se ha dicho y poco se ha hecho por la Atención Farmacéutica en mi país.
Los profesionales dicen que el tiempo que deben dispensarle a atender las necesidades de los pacientes que concurren a la farmacia, les quita tiempo para vender más y %u201Chacer caja%u201D en su farmacia.
Que se sienten agobiados por el papeleo que tienen que realizar a diario, que les quita tiempo para estar con su equipo y con la gente.
Y no se les ha hecho carne, a pesar de que se habla hasta el cansancio en las aulas universitarias y en algunos espacios profesionales de que el único camino de salvataje de esta profesión es profundizar la tarea social , es decir, vender cada vez más servicios profesionales con los medicamentos que dispensen, de tal modo de crear conciencia en el pueblo de la importancia de acudir a un farmacéutico y no a un kioskero o a la vecina de al lado para encontrar el canal hacia el medicamento, sea éste una simple aspirina o un sicofármaco.
Quizás ahora, en que van viendo cómo se les va de las manos la gente hacia otros canales de entrega de medicamentos (aunque sean ilegales), reaccionen y profundicen su tarea profesional de concientización y promoción de la tarea social del farmacéutico.
Quizás ahora, frente al peligro de que haya desocupación farmacéutica por ausencia de pacientes-clientes que por las razones que sea, van a comprar medicamentos a otros lugares de acceso más sencillo o de menor costo, se encienda en la cabeza y el corazón de los farmacéuticos el alerta rojo de que solamente si recalan con su mensaje en la cabeza y el corazón de la gente mediante ingentes campañas de promoción de la profesión en todos los ámbitos de la sociedad , puedan empezar a revertir este fenómeno de que la gente prefiera un kiosko a una farmacia.
Se los ve poco en los medios y se los ve poco en las calles, en instituciones barriales como clubes u organizaciones no gubernamentales adonde la gente va en busca de ayuda.
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