Las cuatro esquinas de la enfermedad crónica

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Enero 2017
Las cuatro esquinas de la enfermedad crónica
Por
Antonio Bermejo. Director General. Amber Business & Customer Solutions.

Las enfermedades crónicas aglutinan un gran número de pacientes, de recursos económicos y sanitarios. Se ha avanzado mucho en el control y tratamiento de las mismas y, sin embargo, cuando se profundiza un poco en la materia, se observan grandes deficiencias al respecto.


El objeto de este artículo quiere centrarse en las enfermedades crónicas silentes, tipo HTA, Dislipemia o Diabetes, importantes factores de riesgo cardiovasculares, u otras sintomáticas en  periodos libres de síntomas,  que traen de cabeza a pacientes, médicos y autoridades sanitarias.

Hago este apunte porque deben diferenciarse de aquellas enfermedades crónicas que provocan o pueden provocar serias alteraciones de la calidad de vida del paciente, como las enfermedades autoinmunes, o algunos tipos de tumores sólidos o líquidos.

Considero que el principal factor de las dificultades para el buen control de este tipo de  enfermedades crónicas ,  estriba en que no se ha generado un espacio que aglutine a los diferentes actores implicados; no hay un lenguaje común que permita entenderse, avanzar y tomar las decisiones pertinentes para contrarrestar los problemas principales, como las dificultades de cumplimiento como principal cuestión.

En este sentido, encontramos que pacientes, médicos, industria farmacéutica y autoridades sanitarias no se entienden, al estar cada uno fijado en sus legítimos objetivos e intereses, sin considerar realmente las vivencias del resto de implicados, especialmente las de los pacientes, destinatarios últimos de la soluciones terapéuticas de control de su enfermedad.

Aunque racionalmente, y de forma superficial, sí parece existir un cierto entendimiento, si analizamos las emociones subyacentes y vinculadas a cada uno de los cuatro participantes, encontramos serias dificultades de conexión y avance conjunto.

Si atendemos al paciente, lo primero y más importante, es que el enfermo crónico, no suele sentirse en sí mismo como un “enfermo”, ni quiere que le traten como tal. Generalmente, y acentuado en las enfermedades silentes, o no tan silentes pero en tiempos de relativo control, el paciente integra su enfermedad crónica como una condición  más de su estado general  y tiende a negar y obviar todo aquello que le recuerde o enniche en dicha categoría.

Plantear el cumplimiento y buen control, desde el miedo y las consecuencias negativas,  puede generar rechazo en algunos pacientes, especialmente en aquellos que aún no las han padecido. En cierto modo el paciente siente que negando que “aquello va con él” puede seguir con el estilo de vida que o le ha llevado o le acentúa su problema, sin preocuparse en exceso del cumplimiento terapéutico. Es por ello que las  acciones de Marketing que hacen excesivo énfasis en su condición de enfermo; foros de encuentros, apoyo a Asociaciones, soportes on-line, etc. suelen fracasar por los mismos motivos.

El enfermo crónico necesita “sentirse sano”, aunque esa salud provenga de una mejora en sus hábitos y un buen cumplimiento terapéutico. También, a mi entender, atenderá en mayor medida a mensajes de refuerzo positivo (un buen control implica una buena salud y una buena salud implica una buena calidad de vida) que mensajes de refuerzo negativo (un mal control implica un problema de salud, que implica un riesgo para tu vida/calidad de vida)

Por otra parte, para el profesional sanitario, para el médico, las enfermedades crónicas son una parte de su trabajo, que implican tedio, esfuerzo y una gran dosis de frustración.
Aunque reconoce la importancia del cumplimento y buen control de la enfermedad, el tratamiento de este tipo de problemáticas le lleva en muchas ocasiones a sentirse  frustrado y hastiado ante el avance de una enfermedad que progresa y un paciente que no atiende a sus requerimientos y con el que no consigue los objetivos marcados.

En muchos casos acaba arrojando la toalla, entrando en una relación con el paciente que podríamos denominar “como si” … el médico hace “como si” le interesara el paciente y su enfermedad, y el paciente hace “como si “escuchara y obedeciera a su médico. Pero los dos saben que todo eso finaliza cuando el paciente sale por la puerta de la consulta y ambos vuelven a su rutina.

Ayudar al medico a entender la realidad y sentimientos de sus pacientes es clave para devolver la ilusión, desactivando la desmotivación, fruto muchas veces de la frustración por los escasos avances y el sentimiento de culpa de no estar haciendo correctamente su trabajo.

Para industria farmacéutica, el paciente crónico es una fuente de negocio importante; dicho así puede resultar frívolo, pero la realidad es que el negocio de los laboratorios es promover la salud a través de vender fármacos y el paciente crónico, por su propia condición, es un cliente “para toda la vida”.

En este sentido, la industria tiene en el paciente crónico, y en el médico prescriptor, unos targets objetivo de sumo interés comercial, a los que no solo trata de ofrecerles las mejores herramientas terapéuticas farmacológicas, sino también fidelizarlo a través de diversas herramientas de marketing relacional y de servicios, dentro de lo que el código deontológico de farmaindustria permite.

Sin embargo, en muchas ocasiones, estas estrategias suponen un gasto inútil, al no conectar con el “lenguaje” y las vivencias de ambos antes descritas, y basar la construcción de su oferta en elementos de validez teórico-racionales pero de escasa repercusión práctica, y orientadas, como fin último, de una manera más o menos franca a provocar la receta del producto en cuestión al que se vinculan dichas estrategias.

Y por último, para las autoridades sanitarias, el paciente crónico, es una preocupación pero sobre todo es un elevado coste, no solo por el elevado consumo de fármacos que realiza, sino también por el elevado gasto en recursos sanitarios generales.

Las autoridades lanzan campañas de prevención “políticamente correctas”  de escaso éxito, mientras ponen trabas a los profesionales sanitarios para poder prescribir las mejores opciones, por su elevado coste, y no dotan de los recursos adecuados a dichos profesionales. Predominan las estrategias de ahorro cortoplacista en un tipo de enfermedad donde el gasto real se produce en el medio y largo plazo, cuando el factor de riesgo en cuestión se convierte en un evento serio que amenaza la vida del paciente y que requiere de importantes recursos para solucionarlo

En definitiva, en las enfermedades crónicas, el paciente no quiere sentirse enfermo, el médico lo ve como una carga fastidiosa de trabajo, la industria quiere vender fármacos, y las autoridades sanitarias desean ahorrar lo máximo posible, aun negando al paciente las mejores opciones.

¿Alguien piensa que con esta situación se puede mejorar la situación de las enfermedades crónicas en el corto plazo?... Toca reflexionar.

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